Cinco comportamientos que pueden desembocar en una pelea entre padres en el deporte de base

Lo hemos visto en numerosas ocasiones. Padres que acompañan a sus hijos a hacer deporte, y que luego se comportan como verdaderos energúmenos en la grada, dando un pésimo ejemplo. El deporte es una herramienta fundamental para la educación, pero si los padres no saben utilizarla correctamente, puede convertirse en una desagradable pesadilla.

Este pasado fin de semana, volvió a ocurrir. Se disputaba el partido UD Telde-UD Guía de la liga juvenil de División de Honor canaria. Dos padres que se encontraban en el campo protagonizaron una vergonzosa escena cuando, en el minuto sesenta, comenzaron a discutir acaloradamente. Uno de ellos propinó un cabezazo al otro y empezaron a propinarse puñetazos.

(Captura de Youtube/Canarias en Hora)

Mientras se golpeaban, las personas que presenciaban la escena se limitaron a decir "¡ya está bien!" pero nadie intervino (puedes ver el video completo pinchando aquí). Ni en el terreno de juego, ni en la grada principal se dieron cuenta de la pelea, por lo que el colegiado no detuvo el partido. El padre del jugador del UD Guía (de amarillo en el vídeo) fue quien se llevó la peor parte. Fue hospitalizado y  operado de un ojo. Las duras imágenes provocaron la indignación de ambos clubes que han condenado los hechos, ajenos a un partido que transcurrió con normalidad.

Hay cinco comportamientos que un adulto (padre o madre) jamás debe asumir cuando acude a un partido en el que participa un hijo menor.

1. No ver al niño como 'una máquina de hacer billetes". 

El deporte es una actividad saludable, pero los padres no deben obsesionarse con el posible talento de sus hijos. No pueden observar a sus hijos como "máquinas de hacer dinero" que van a resolver sus estrecheces económicas o mejorar su prestigio en el barrio o en el pueblo. Los niños, sobre todo, tienen que estudiar, han de formarse para tener una vida adulta plena, acorde a sus deseos, inquietudes y capacidades.

2. No creerse Simeone, Guardiola, Zidane... (o cualquier entrenador de cualquier deporte)

Muchos padres aprovechan los partidos de alevines, infantiles o juveniles para sacar "el entrenador que todos llevamos dentro".Pero lo cierto es que los chavales no necesitan que sus progenitores les agobien con cuestiones técnicas. El deporte ha de ser, para ellos, una forma de entretenimiento, de ocio saludable, que les haga felices. No una materia más, que requiera horas extra de estudio.

3. No contradecir al entrenador

Cierto es que el deporte también ayuda a inculcar a los menores ciertos comportamientos, como la disciplina, el sacrificio, la solidaridad o el respeto, que son muy útiles de cara al futuro. Aprender a respetar al entrenador -referencia principal del deportista- es fundamental, y por ello los padres han de respetar también las decisiones del entrenador del equipo de su hijo. Por no hablar de los árbitros...

4. No olvidar que se trata de un juego

Al campo, a la cancha, al circuito, se va a disfrutar. Hijos y padres. ¿Para qué chillar, increpar o maldecir al entrenador, al equipo arbitral? ¿Para qué discutir con el padre de algún chico o chica del equipo rival? ¿PAra qué llegar al sinsulto o incluso a las manos?¿Para qué presionar o dar órdenes o directrices al chico o chica? ¿Para qué poner mala cara si el chico o la chica falla, pierde o es sustituido/a? Que nuestros hijos no tengan jamás la sensación de que nos han decepcionado. Nunca. Gane o pierda, lo haga bien o lo haga mal, siempre con una sonrisa y una palabra de ánimo.

5. Mantenerse en un punto intermedio

No solo es un error echarle en cara los posibles fallos, sino también halagarlo en exceso. Podemos generar en él falsas expectativas. Mantengámonos en un punto intermedio. Lo que sea o deje de ser en el futuro es un cúmulo de factores que se nos escapan de las manos. El tiempo lo dirá.

Mientras tanto, ¡a disfrutar y a no pelearse!